Hace tiempo que venía pensando en este tipo de cosas que subrayan una parte de mi en ciertas ocasiones, y les juro, les juro que nunca me había emocionado con algo tan simple.
Sentí en los últimos días un deseo inconfundible de muerte, odio; esas infinitas ganas de que una casualidad haga desaparecerme, y sin embargo, me mantuvo viva el simple hecho de proseguir con algún que otro proyecto, alguna que otra persona que conlleve en mi intereses... y a veces ciertas excusas, claro.
Así mismo, estoy acá, y creo haber aprendido algo de todo esto.
¿Cuánta rabia desperdicié en aquellas personas que realmente no lo merecían?
Y sin embargo, aquí estoy.
¿Dónde?
El muelle seguía intacto. Decidí volver para rememorar momentos con mis amigos, aquellos que hasta ese entonces, compartían conmigo algo, mínimamente las nocturnas y las medias, en ese entonces no sólo éramos jóvenes, sino que convivíamos en un establecimiento... ¿quién lo olvidaría?
Di el primer paso, por supuesto nadie quiso acompañarme, hacía rato que no hablaba con alguno de ellos, y automáticamente las respuestas en común fueron "no tengo plata" y "tengo que rendir el examen de...". Sin duda alguna, el invitarlos fue una mera formalidad, de todos modos había estado sola todo el viaje y toda la estadía, iba a ser una buena forma de encontrarme a mi misma, como aquella vez.
Prendí un cigarrillo, nunca fue de fumar, pero ciertamente solía salir al balcón y fumar uno o dos, era una forma más de sentirme gigante... invencible.
Esta vez el viento golpeaba fuerte mi faz. No podía no agradecerle a aquella muchacha inestable. Logró mejorar en mi esa parte que no comprendía. Quizás ella no lo entienda, no ha captado la verdadera señal de la vida, quizás siga preocupándose por cómo se ve su rubor antes que lo primordial, pero a mi me hizo comprender.
Entender, la cantidad de las cosas.
¿Cuánto perdí por apartarme del mundo?
¿Cuánto gané por no aparentar?
Me pregunté, mientras las aguas del Lago Nahuel Huapi salpicaban mis zapatillas.