Según mi abuelo, los que nos fanatizamos con las óperas, terminamos sufriendo.
"La ópera te termina aislando", dice.
También dice que el que escucha ópera (y la siente) termina viviendo en carne propia las desdichas de los personajes.
Lo pensé un poco.
Me retrae siempre a El Ladrón de Orquídeas, cuando se trata el tema de la pasión por las cosas. Dudo que haya gente que tenga la misma pasión por otras cosas que la que nosotros tenemos por la ópera.
Y la verdad no me importa si me aisla, si me hace sufrir, si me hace llorar de la nada.
Si yo pudiera ser Butterfly por un segundo cuando se casa con Pinkerton, o cuando cree que va a volver, o cuando se mata, lo sería. Si tuviera que ser Fausto enfrentándose al Diablo con tal de gustarle a su amada, lo sería. Creánme, lo sería, y varias veces...