Pequeña, enturbiaste tu pasado
silbaste tu nombre ancestral
y dejaste la huella de tus manos
sumergida en la inmensidad.
Si el camino se torció,
tu garganta se quemó,
y el vacío sobreviene
como una horda de serpientes.
Ocupaste los puestos necesarios
robaste los objetos de tu inconsciente
como aquél corsario
del pueblo demente.
La infamia de saber
que nada fue irreal
que todo es visible
a la boca del fusible.
Levántate y anda,
corre las praderas del sufrimiento
házte nueva y corriendo
grítale que has muerto,
ábrele los ojos al tuerto.