“Toda verdad pasa por tres etapas. Primero se la ridiculiza. Segundo, genera una violenta oposición. Tercero, resulta aceptada como si fuera algo evidente”

-Arthur Schpenhauer

martes, 28 de febrero de 2012

In absentia luci, tenebrae vincunt


Días pésimos. No pasa una puta noche en la que no llore.
No tengo razones, pero no hay nada que pueda controlar esa bacteria angustiante que tengo en el cerebro.
Fui a tres entrevistas de trabajo y uno, por fin, me copó. Mañana empiezo la capacitación, me tengo que sacar sangre y esas cosas.
Mientras viajaba pensaba qué desesperación tendría en el caso de que consumiera algún tipo de estupefacientes. Al pedo, porque claramente no consumo absolutamente nada.
Hace ya dos meses que no me hablo con mi viejo. Y cada día como que me siento más afuera. Como esos juguetes que pasan de moda y quedan archivados en un depósito. O como los libros que Milillo tenía en su departamento. Justamente hoy agarré uno de Yoga. Me aburrí al toque.
Justo me acordé de ese sueño en el que me quedaba con su celular.
Y bueno, nada. Yo sé que a veces soy verborrágica pero no creo merecer que la gente me trate mal. O que directamente no me trate. No sé, quizás merezco un tiro en la frente que me deje viva y gagá. O sea siempre me sentí poco querida, pero estas semanas fueron como demasiado. Como demasiado poco querida, demasiado poco tomada en cuenta, demasiado sola. Y como que también demasiado emprejuiciada. Puede ser igual que cada día esté un poco más tarada que antes, pero no es motivo para que me tomen el pelo, me traten mal, me boludeen y me digan cosas que creo no tienen nada que ver conmigo. Porque dale, todo el mundo no puede estar errado. Quiero decir, o soy yo, o son ellos. Posta, ya no sé qué hacer conmigo misma.
Me dicen que vaya al psicólogo, bla bla bla. Primero, qué saben ellos si necesito o no ayuda psicológica? Segundo, no tengo ganas y no creo que pueda solucionar nada. Mi vida es un asco ya de por sí y las palabras de un licenciado no me van a servir de nada. Digo, la mayoría van para que las orienten en su vida. Yo no necesito orientación de nada, yo necesito una soga y un árbol cerca. Nada más.
Igual lo copado de todo esto es que me siento identificada con un personaje ficticio muy tonto y patético y me voy a tatuar una frase re linda de esa saga ficticia re linda en el brazo.
Pobres lo que leen esto, deben pensar como yo tantas veces pensé, que yo me creo un mundo angustiante y que soy malísima, horrible, miserable. Detesto confirmarles que tienen razón. Perdón por decepcionarlos!