Me puse un poco de perfume antes de salir de la sala, y emprendí la caminata hacia la torre. Me gustaba aquél lugar, siempre se encontraba con poca gente, aunque de vez en cuando era algo ruidoso.
Subí las escalera y no tardé en verla: estaba parada sobre un barandal que quedaba sobre una especie de balcón.
Sonreí automáticamente, siempre lo hacía cuando la veía, o al menos cuando no nos encontrábamos peleados. Durante mucho tiempo habíamos sido una pareja envidiada por toda la escuela, teníamos todo lo que todos querían tener: mucho amor, mucho sexo, mucho compañerismo. Sin embargo, todo tenía su final y eso era inevitable, aunque había algo que nos mantenía siempre conectados, como si no nos pudiéramos terminar de separar.
Me habían llegado rumores de que había estado con un tal McKenzie, y eso me había puesto los pelos de punta. Sabía muy bien que no debía pedirle explicaciones, pero no podía evitar mi sulfuramiento. Enseguida recordé esto y mi sonrisa cambió por una mueca seria.
-Así que acostándote con McKenzie -exclamé. Mi voz retumbó sobre las paredes y sobre el reloj. A decir verdad no estaba seguro de aquél rumor, pero no dejaba de molestarme el sólo hecho de que pudiera ser verdad -¡Qué bien disfrutas tu soltería! -Expresé, con un tono fastidiosamente burlón, mientras elevaba mis brazo conjuntamente a la burla.
Subí las escalera y no tardé en verla: estaba parada sobre un barandal que quedaba sobre una especie de balcón.
Sonreí automáticamente, siempre lo hacía cuando la veía, o al menos cuando no nos encontrábamos peleados. Durante mucho tiempo habíamos sido una pareja envidiada por toda la escuela, teníamos todo lo que todos querían tener: mucho amor, mucho sexo, mucho compañerismo. Sin embargo, todo tenía su final y eso era inevitable, aunque había algo que nos mantenía siempre conectados, como si no nos pudiéramos terminar de separar.
Me habían llegado rumores de que había estado con un tal McKenzie, y eso me había puesto los pelos de punta. Sabía muy bien que no debía pedirle explicaciones, pero no podía evitar mi sulfuramiento. Enseguida recordé esto y mi sonrisa cambió por una mueca seria.
-Así que acostándote con McKenzie -exclamé. Mi voz retumbó sobre las paredes y sobre el reloj. A decir verdad no estaba seguro de aquél rumor, pero no dejaba de molestarme el sólo hecho de que pudiera ser verdad -¡Qué bien disfrutas tu soltería! -Expresé, con un tono fastidiosamente burlón, mientras elevaba mis brazo conjuntamente a la burla.