Recién cumplida una semana en Hogwarts, había sido todo muy agradable estos últimos tres días, por el solo hecho de haberme reencontrado con mis más viejas amistades y con Edgar, aunque a vista de todos no reconocía que me agradaba el volver a verlo ni mucho menos tener que lidiar nuevamente con todo el rollo amoroso.
Estos últimos años había hecho todo lo humanamente posible para sacármelo de la cabeza porque había comprendido que el amor solo debilita, y que amando uno no puede conseguir el propósito de la vida, por lo que lo mejor de la vida era pasarlo bien sin tener que relacionarse con nadie.
Para agregar lo bien que estaba yendo casi todo en mi nueva escuela, hoy había despertado una hora más tarde de lo que despertaba generalmente y lo mejor de todo había logrado conciliar el sueño, por lo que significaba que mi humor era buenísimo en el día de hoy, me levanté rápido, saludé a mis compañeras de habitación, no pudo causarme menos gracia el ver sus rostros de sorpresa y extraño.
Por primera vez había ido a desayunar al gran comedor sentándome en la mesa de mi casa y compartiendo con gran parte de mis compañeros, advirtiéndoles por supuesto que quizás fuese el primer y único día en sus vidas que les dirigiría la palabra. Al terminar de desayunar no se me había ocurrido nada mejor ir a la torre del reloj, si bien me encontraba de buen humor no era sinónimo de querer compartir todo el día con la multitud y bien sabía que aquél lugar era intransitable por los estudiantes.
Llegando ahí me puse cómoda apoyada en una baranda teniendo una grandiosa vista desde allí, mi mente comenzó a pensar en muchas cosas agradables y eso me hacía sonreír inconscientemente de vez en cuando. Una voz me sacó de mis pensamientos y me hizo girar con rapidez y enfado, solo había una persona en la faz de la tierra con la osadía de hablarme así - ¿Aún leyendo corazón de bruja?, creí que era una etapa superada en tu vida, Bones - dije simulando desprecio mirándolo con una ceja alzada.
Oí su segundo comentario - ¿Qué comes que adivinas? - pregunté irónica - Seguro creerás que estaré perdiendo mi tiempo encerrada en mi cuarto llorando o cortándome las venas porque el romance se acabó- dije en tono burlón soltando una carcajada - Como quisieras - volví a ponerme seria, dándole la espalda nuevamente, volviendo a mirar el paisaje, no quería seguir mirándolo era muy apuesto y aún no lo olvidaba por completo, tenía que evitar recaer.